
Mami... ¿puedo descansar mi cabeza en tu regazo? ¿te molesta si... quizá... se me salgan unas pocas lágrimas y... no diga porqué? Creo que no te gustará saber por ejemplo que... no me gusta tenerlo tan cerca... y ver. Yo... creo... que soy perspicaz... y veo... veo y me imagino cosas... que... muchas veces no son taaaaaan equivocadas... que subí al décimo piso... para imprimir algunas cosas... y ahí estaba... seduciendo a una mujer... procuré actuar normal... pero todo era demasiado extraño... estaban solos en todo el piso. No me gusta tenerlo tan cerca. Es incómodo... Me siento demasiado débil para ser mujer... para trabajar duramente... doblemente... y cobrar menos... ver a los inútiles de los hombres haciéndose pendejos... solicitando que las manos femeninas saquen el trabajo, mientras ellos se sientan perplejos frente a sus monitores... Si a eso se refería Freud con su "envidia del pene"... lo estoy entendiendo... Y cuidadito si intentas comentar algo en alguna plática entre señores... te voltean a ver como si hablaras un idioma incomprensible y la conversación continúa como si... no... hubiera... una... dicho... NADA. Me siento cansada de la batalla idiota que libramos entre nosotras... para demostrarnos quién es más cabrona... quien es más guapa... quien puede parársela a más machines... Yo soy la última de la fila... no me interesa otro puesto. Los horarios son una mierda... hoy hubiera querido compañía para soñar... pero... ¡qué hacer si no coincidimos! Si no hay puto tiempo... Quedarme con las ganas... morderme los labios y venir acá... A veces siento que nunca me voy a ir de tí. Ya me va a bajar... y mi hormonalidad... quizá me hace despreciar al mundo... pensar que yo no lo quiero... no quiero ser parte de la humanidad podrida... que no quiero pensar que la vida es esto... derrotarme... Ahora sí... viene el llanto y tiemblo de frío.
La ilustración Hormonal conflict, de Jorge Cejudo...














































